domingo, 4 de marzo de 2012

Una de sindicatos.


      Una parte de eso que conocemos como “agentes sociales”, a los que algunos se refieren como lacayos de los partidos de izquierda - o progresistas, como les gusta denominarse, en contraposición con lo que ellos mismos tachan de conservadores- y otros simplemente llaman sindicatos, han vuelto a ser noticia en los últimos días. Pero no se crean que su protagonismo trae causa de su abnegada lucha por los irrenunciables y legítimos derechos de los trabajadores; eso sería lo normal y, por lo tanto, no sería noticiable. El motivo de que hayan aparecido en la portada de los diarios y que les hayan dedicado los minutos principales de los servicios informativos de radio y televisión se debe a su decisión de convocar una nueva protesta contra la reforma laboral para el 11 de marzo. Efectivamente, han leído bien: no había más días en el calendario que precisamente ese en que España se vestirá de luto para recordar el mayor atentado terrorista sufrido jamás por nuestro país. En el colmo de la desfachatez, justifican que se han visto obligados a elegir esa fecha porque los dos próximos fines de semana no les viene bien: a saber, el 18 de marzo es puente y el 25 se celebran las elecciones andaluzas y asturianas. Oigan, y se quedan tan frescos.
                                          
   Yo pensaba que la lucha por los derechos de los trabajadores no estaba sometida a excusas tan peregrinas pero, a lo que se ve, me equivocaba. ¿Se imaginan que a finales del siglo XIX o principios del XX, cuando la lucha sindical era más encarnizada, se dejaran de convocar huelgas y manifestaciones alegando esos mismos motivos que ahora esgrimen los señores Méndez y Toxo? Pues aquí, por lo visto, las reivindicaciones laborales están sometidas a la pertinencia de una fecha, no vaya a ser que coincidan con la verbena de la Paloma o con el día de San José. Eso sería motivo suficiente como para indignar a los buenos sindicalistas, porque cuando se trata de reclamar aquello que consideran justo no se debería calibrar si este o aquél día les conviene más en términos de impacto mediático. A lo mejor conseguirían más objetivos si no estuvieran tan obsesionados en conseguir tanta publicidad. Pero como aquí de lo que se trata es de propalar a los cuatro vientos que a las manifestaciones de marras han acudido tantas miles de personas, pues postergamos el objetivo primordial que se busca con su convocatoria, interesando mucho más el ruido que se monta para desestabilizar al gobierno de turno.

   No hay más ciego que el que no quiere ver. Si UGT y CC.OO persisten en el error de convocar las manifestaciones en fecha tan señalada, su imagen sufrirá un deterioro difícil de reparar, si es que no han alcanzado ya  ese punto en el que una afrenta más a la inteligencia de la ciudadanía caería en el saco roto del descrédito que las patronales sindicales se han ganado a pulso, como mínimo desde el final de la primera legislatura de Rodríguez Zapatero. Una muesca más no cambiará la nefasta opinión que la mayoría de los españoles tienen de unas siglas que, a decir de muchos, sirven una serie de intereses bastardos al amparo de unas subvenciones públicas que no se merecen, puesto que si tuvieran que vivir de las cuotas de sus afiliados no tendrían ni para pagar el ágape que suelen ofrecer al final de las manifestaciones del primero de mayo. Si aquellos hombres que, en las postrimerías del siglo XIX y con no poco riesgo para sus vidas, viesen hoy el manejo que se traen sus sucesores de los instrumentos que  crearon para mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora, a buen seguro que muchos de ellos no hubieran arrostrado los peligros de aquella empresa, siendo los primeros en vituperar a sus émulos actuales.  

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